
Buzz Aldrin (Apolo XI) dejó, en julio de 1969, las primeras huellas del hombre sobre la Luna / NASA
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Lunes
, 22-03-10 a las 12
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Gloria a Dios en las alturas y paz a la NASA, pero en la tierra, que diría el evangelista Lucas. Barack Obama parece decidido a pegarle un vuelco al unilateralismo galáctico de George W. Bush y promover una especie de ONU del espacio. Donde a la Luna volveremos entre todos, también entre todos llegaremos algún día a Marte, y las naves espaciales ya no las pondrá siempre la NASA sino alguna potencia «amiga» como Rusia o la India. O la iniciativa privada.
¿Se ha vuelto loco Obama?, se preguntan frotándose los ojos todos aquellos para los que la llegada del Apolo XI a la Luna en 1969 es un motivo de orgullo más patriótico que científico. Para los que el objetivo de la entera carrera espacial era ganar la Guerra Fría y demostrar la superioridad norteamericana.
También están los que se inflaman por razones más pedestres. El Programa Constelación, anunciado por Bush para organizar expediciones tripuladas a la Luna y Marte, y cuya cancelación anuncia Obama, garantizaba miles de puestos de trabajo en Texas y en Florida. Sus congresistas están en pie de guerra.
Texas no es exactamente una prioridad para el Partido Demócrata. Sí puede serlo Florida, y no es casual que ese sea el escenario elegido por Obama para celebrar el próximo 15 de abril una conferencia donde se clarifique el futuro de la NASA.
Por ahora parece que el presidente les da una de cal y otra de arena. Por un lado le ha arrancado la cabeza de cuajo al Programa Constelación. Adiós a los cohetes Ares I y Ares V, a la cápsula Orion —de los cuales mucha gente esperaba comer durante años—, adiós a un retorno «inmediato» a la Luna, adiós hasta nueva orden a la excitante aventura marciana, después de tantos esfuerzos por ver si en Marte hay o no hay agua, es decir, perspectiva de vida.
Una NASA menos peliculera
Por otro lado, Obama anuncia un sustancial incremento del presupuesto de la NASA —cerca de mil millones extra—, sólo que destinados a prioridades menos «de película». Si no lo varía (hay muchísimas presiones para que lo haga), su plan es extender la vida de la Estación Espacial Internacional (EEI) hasta 2020 como poco, y poner el acento en la investigación antes que en el «imperialismo» espacial.
<MC>Teóricamente habría dinero para modernizar el Centro Espacial Kennedy; para incrementar y afinar las misiones robóticas a Marte y a la Luna; para aumentar la implicación de la NASA en la lucha contra el cambio climático y en la búsqueda de una mayor seguridad aeronáutica. Sobre todo se liberarían recursos para invertir en nuevas tecnologías tales como reabastecimiento de combustible en órbita, módulos habitables inflables, explotación de recursos naturales extraterrestres, lanzamiento de grandes cargas al espacio, etc. O sea, menos excursiones y más gastar codos para dominar de verdad el Universo.
Denuncian un disparate todos los que temen que Obama esté «regalando» la hegemonía espacial al enemigo, o por lo menos a los no muy amigos. La noticia de que, una vez agotadas las cinco misiones pendientes del transbordador espacial, Estados Unidos podría recurrir a las mismísimas naves Soyuz rusas para acceder a la EEI, y dejar en manos de empresas privadas el diseño de los vehículos para la baja órbita terrestre ha sumido en el estupor a muchos, incluido el histórico del Apolo XI Buzz Aldrin, que de entrada se ha mostrado muy crítico con Obama.
Para volver con más fuerza
Más prudentes son otros como Leroy Chiao, astronauta jubilado y miembro del Comité Augustine, creado precisamente para revisar los planes de nuevos desembarcos humanos en el espacio. En declaraciones a ABC, Chiao se confiesa «sorprendido» —y, a juzgar por su actitud, quizás también algo dolido— por la cancelación del Programa Constelación. Pero mantiene la fe en que esto sólo sea una retirada a tiempo para volver con más fuerza, «como ya pasó con la Estación Espacial Internacional».



